
Ivonne Díaz Cornejo, novelista, cuentista, poeta… Ha publicado cinco libros, los cuales son difundidos en la región de O’Higgins y fuera de ella. Gestora y difusora cultural, creadora de tres agrupaciones literarias y dos programas radiales para fortalecer la literatura femenina. Ha participado en variadas antologías junto a otros poetas de la región.
“En estos días de invierno”, es un libro que contiene cuentos y microcuentos urbanos. La mayoría de estos escritos tienen voz masculina; antihéroes que desconciertan al lector, sin embargo les permite razonar, sensibilizar, hasta solidarizar con los personajes y sus miedos, desventuras, circunstancias, determinaciones… Una voz que ulula por los pasajes mentales de cada uno de ellos.
(extracto)
ME VOY DE CASA
Doblo por Macul, la brisa rutilante desordena mi mal ánimo. Transeúntes giran en torno a la pista de autos veloces. El locutor radial informa: Cerati aún no despierta, su estado es catastrófico; un coma lo lleva quién sabe dónde. Santiago; cuerpos, brazos, cabezas, andando. Subo el volumen escucho Cerati “estaré a un millón de años luz de casa, no vuelvas, no vuelvas sin razón, no vuelvas…” a la izquierda; los portales de mi encierro. Todas las curvas de esta manzana me acercan a casa. La ciudad dispara sus desechos, es invierno casi no se ven las manos, divago. Conduzco este auto gracias a los buenos obsequios que da mi padre. Llego a casa, vacía, los ecos del silencio, nada de comida, reclamo. Subo las escalas a la habitación que tiene mi nombre: Gustavo. Abro el closet, saco algunas pilchas las hundo en un bolso que cargo a la espalda, busco la salida, vuelvo a subir al auto, acelero y marcho. Tomo la autopista, por la radio dicen que milagros existen, tal vez Cerati despierte. A mi lado un bus con pasajeros, apegada a la ventanilla una chica me sonríe, se aleja, no tuve ganas de responderle. Al fondo del túnel va quedando la ciudad sumergida de laberintos, calles con cartelitos y gente que nunca he visto, anónimos rostros, mejor salgo de aquí. “y cuando el mundo enmudece… nos revolcamos en el jardín por dónde nadie pasa… no vuelvas sin razón, no vuelvas, estaré a un millón de años luz de casa”.
MUJERES ROBUSTAS
Tres mujeres robustas suspiran asomadas por la ventana del cuarto piso. Las tres mujeres robustas ensimismadas van a la mesa y tragan. Llevan amplios vestidos con escotes pronunciados, tragan. Las tres mujeres robustas suspiran; ya no llegan clientes ni por mucho rojo que pongan en sus labios, maldicen.





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