
José Cortés Fuenzalida, Magíster en Política y Gestión Educacional, Orientador del Liceo Libertador Simón Bolívar de Rancagua, ha desempeñado los cargos de Jefe Técnico de Enseñanza Media y Coordinador de la Red de Profesores de Lenguaje de la Cormun Rancagua.
“Cuentos para la inlcusión”, tercera obra literaria del escritor rancagüino tras “Simplemente Florencia” (2016) y “Florencia y la configuración de la vida (2017)”, aborda el importante tema de la Inclusión, en siete cuentos, ambientados en Colegios Municipales de Rancagua. Describe, mediante un relato ágil y entretenido, las vivencias y sueños de numerosos personajes que manifiestan diversas problemáticas que requieren necesariamente de Inclusión y Equidad.
(extracto)
SINFONÍA DEL SILENCIO (fragmento cuento)
Era una extraña tarde de otoño, los árboles de algunas transitadas y amplias calles exhibían sus llamativos colores, con matices diferentes. Algunos de ellos no estaban provistos de mucho follaje pero igualmente lucían orgullosos y desafiantes en la escabrosa selva de cemento. Daniel caminaba tranquilo observando atento el paisaje, sumergido en su prodigioso silencio, por el centro de la ciudad. Observaba cauteloso el mundo que lo rodeaba, sus pasos vibraban en el sinuoso sendero y una sensación extraña recorría su ser. La muchedumbre pasaba por su lado indiferente y veloz, sin embargo, él podía distinguir en esa aglomeración de personas, a muchas de ellas absortas en sus propias realidades y preocupaciones, podía leer en algunos rostros mustias expresiones de tristeza que impactaban y estremecían su alma de niño, de una manera especial y extremadamente humana.
De pronto, una brisa efímera golpeó con suavidad su rostro, acariciándolo furtivamente. El cielo estaba nublado y danzaban en él algunas aves raudas y dispersas, dibujando en el aire caprichosas figuras con sus vuelos precipitados. A él le hubiese gustado oírlas, pero sólo podía imaginar sus cantos hermosos o sus gritos angustiados, que vibraban con fuerza en el aire fresco de la tarde.
Daniel formaba parte, desde su nacimiento, del extraño mundo de los oyentes, que eran la mayoría, estaba inserto en él, a pesar de su absoluto silencio. Entendía que todos eran distintos, sin embargo, tenía un vínculo crucial con todos ellos, especialmente con sus padres, amigos y familiares. Para comunicarse, utilizaba un idioma de señas y códigos, porque le costaba trabajo acceder a la oralidad. Producía un lenguaje propio, con movimientos y expresiones a través de las manos, los ojos, el rostro, la boca y el cuerpo. Requería, en la mayor parte de los casos, de una intérprete para relacionarse con los demás, con todas aquellas personas que no entendían su peculiar forma de comunicación. Esa era su asombrosa realidad, ineludible y misteriosa que lo hacía parecer diferente, pero dueño de un formidable mundo interior que lo incitaba a meditar. En esos sueños de silencio, él escuchaba música porque todo vibraba a su alrededor, produciendo sonidos especiales y particulares que sólo él podía descifrar.





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