En estas hojas están puestos extractos del alma, lágrimas de felicidad y de tristeza. Está todo lo bueno y todo lo malo de un día a día, quizás desde la idea de la maldición del poeta: permitirse sentir a flor de piel en un mundo que valora el desinterés, la rutina, la frialdad y la deshumanización.
En este poemario está marcado a fuego lo que durante mucho tiempo fue una despedida en primera persona, un grito a veces gutural y otras veces sutil, en una eterna contradicción por encontrar lo más vital del ser humano: el amor.
Benjamín González Blanch (Santiago de Chile, 2008), estudió varios años en el Colegio Sol de Chile (Lo Espejo) y, luego de cambiar la capital por la brisa marina, cursa la Enseñanza Media en el Liceo Agustín Ross Edwards (Pichilemu), donde participa sostenidamente de actividades relacionadas con el mundo de los libros, entre ellos el Taller Extraescolar “Club de Lectura”. Obtuvo un segundo lugar en el concurso “Un cuento para Pichilemu”, organizado el año 2025 por la Biblioteca Pública y el Grupo de Amigos de la Biblioteca, con el texto El violento silencio del puente. Actualmente, vive en Cáhuil, donde escribe entre libretas viejas e insomnio, acompañado de fantasmas que se empeñan en convertir estas sensaciones en poesía.





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