
Douglas Marticorena, chileno, motivado desde muy joven por escribir, ha recogido con su lápiz las vivencias y costumbres de su entorno inmediato y del mundo entero a través de diversos estilos del género literario tales como: cuentos, poesía, ensayos y también del género novela. Ha dedicado gran parte de su vida al trabajo vinculado a mujer y a la sociedad en general. Lo que le ha valido un amplio conocimiento de la situación de nuestro mundo actual y de las políticas públicas de Salud, Educación y Protección Social. Asimismo se ha autoinstruido en materias como Filosofía, la Psicología y Física Cuántica.
Actualmente vive y disfruta de su familia en complicidad a la sempiterna lluvia que baña los paisajes de la puerta de la Patagonia Chilena.
En un lenguaje dinámico y con el uso de diversos recursos literarios, “Equilibrium”, su segundo libro tras haber publicado “Las Vueltas de la Vida” el año 2011, describe cómo un magnate de la industria bélica, en busca de prolongar su vida, se lanza en una empresa que, por medio de interesantes diálogos, expone el choque valórico de la humanidad de comienzos del tercer milenio, contra una opción de vida muy distinta de trescientos años después, mediando la acción, intriga y suspenso en que se ven envueltos diversos personajes que tejen su historia, salpicada de romance, erotismo y tecnología de última generación. Y en medio de escenarios tan diversos como la tundra siberiana, las calles de París o la selva amazónica, en los cuales se gestan dos historias apartadas en el tiempo, que apuestan con unirse a través de un puente espacio-temporal.
(extracto)
EQUILIBRIUM (fragmento novela)
14 de mayo de 2012
Los acontecimientos se sucedieron de una manera poco clara y a lo menos, vertiginosamente. No quedó registro fidedigno. Lo que sí está claro es que la fecha corresponde a mediados de 2012. Las órdenes eran de continuar con el proyecto hasta que pudiera confirmarse la veracidad de lo que se había descubierto.
El punto de partida estaba dado en un secreto acelerador de partículas subatómicas, que permitía espacio a la imaginería de cada uno de sus científicos, producto de la holgura de presupuesto y a la tecnología de punta con que contaban. El financiamiento tenía su origen en los fondos de un poderoso y acaudalado hombre de negocios, oriundo de medio oriente conocido como “El Árabe”. Un financista interesado primariamente en el desarrollo de la tecnología bélica, quien exigía con permanente ansiedad los resultados y avances en el trabajo realizado por los físicos, en cuanto a la búsqueda del portal del tiempo espacio, a través de la unificación de las teorías de la física.
Las investigaciones venían desarrollándose bajo su estricta supervisión. “El Árabe”, sabía que, paradójicamente, el tiempo estaba en su contra producto de un recién diagnosticado cáncer gástrico, el que lo conduciría irremediablemente a la muerte dentro de un plazo no superior a los cuatro o cinco años, independiente de los esfuerzos y recursos con los que contara para combatirlo.
La comisión médica debió enfrentar el desagradable incidente de entregar la noticia de su afección y del ineludible final al que se enfrentaría. La tarea fue encargada al director de la prestigiosa “Saint Monique Clinique” de Versalles. Escogida por “El Árabe” debido a su discreción y en virtud del permanente y visionario aporte realizado por éste, periódicamente durante años, con la finalidad de contar, en un caso como el actual, con los mejores profesionales de la salud y por supuesto, el desarrollo tecnológico en el área de la salud-enfermedad.





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