
Daniel Peluffo Argón, nacido en Montevideo, escribe desde su adolescencia, habiendo vivido una época difícil para los escritores de su generación cuando decir lo que se pensaba y sentía podía significar la cárcel o la desaparición. Fiel a sus ideas mantuvo siempre la continuidad de su escritura publicando en periódicos poemas suyos con seudónimo, aún incluso en épocas ya del respiro de la libertad y la democracia que como un viento nuevo vendría a revivir y brindar nuevos aires al ambiente intelectual de los años 80 y 90. Igual la brecha estaba creada, el silencio y el ocultamiento se había hecho costumbre.
Estos poemas, estos códigos son, en gran parte, un homenaje a todos aquellos que cayeron en esa época, que no están con nosotros por semejantes circunstancias terribles e inaceptables. Son un homenaje a los que soñaron una sociedad diferente, más justa y solidaria, y que escribieron y cantaron con ese sueño hasta el final.
HAGAMOS UNA MEDITACIÓN, POETAS
“No tenemos templo… Hoy no tenemos templo… Nadie tiene hoy templo. Nadie tiene donde cobijar su alma afligida hoy en el mundo… Y vamos a hacer una meditación, poetas… Vamos a hacer una meditación sin templo… bajo el signo de San Juan.”
(extracto)
LEÓN FELIPE
Óiganme poetas de todos los sitios,
los descarriados, los sin tribunas,
los que se retiran y alejan de los templos,
los que rompen sus zapatos por nuevos caminos,
y gastan sus manos y sus dedos como tizas
en el silencio voraz de las multitudes.
Óiganme poetas de todos los tiempos y lugares,
óiganme en estas memorias y vivencias
que traen las nuevas cosas nunca oídas,
ustedes que son agua para los sedientos,
ustedes que son ellos en definitiva,
ustedes que somos todos y cada uno,
los que hablan en cada niño,
y son la cuerda que vibra
con el primer llanto del recién nacido,
ustedes que son el río, el movimiento,
el cambio, el flujo, la libertad, la savia,
ustedes, los que tienen el don del nuevo vivir,
del nuevo estar a diario, del nuevo decir,
los que preparan el nuevo canto día a día
con el nuevo ser y sentir.
Ah revolución de las revoluciones,
ah máxima de las máximas,
ah ustedes los dueños de la nada y del todo,
ustedes, los señores de sí mismos y de nadie,
los libres, los únicos sin cadenas,
ustedes, los que andan por ahí desnudos
sin más templo que el propio cuerpo
como el aire de las primaveras de todos los tiempos,
con el agua de todas las lluvias,
con la luz de todos los fuegos,
con la distancia de todos los espacios
y el temblor de las gargantas roncas
de tanto cantar y cantar sin parar,
ustedes, poetas amigos, hermanos,
sigan conmigo y en ustedes que hace rato
que nuestro templo invisible se hizo mundo.
MONTEVIDEO – COLTAUCO – 2005





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